Le hacen justicia a Abril; dictan 55 años de cárcel a su feminicida

Abril Lira era hija, mujer y madre amorosa, muy hábil con los trabajos manuales e inseparable de su hija, a quien cuidaba como a una princesa. Licenciada en antropología social por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), ingresó al magisterio. Además de ser maestra de secundaria, sacaba adelante a su niña vendiendo todo lo que podía, como maquillaje y ropa.

Abril, quien adoraba a su hija, fue separada de ella abruptamente este año. El 11 de mayo, un día después de celebrar el Día de la Madre, su esposo, José Luis, le disparó con una pistola de diábolos en el abdomen, tras una pelea, y enfrente de su propia hija. Ese día, Abril murió.

Ayer, el juez que llevó el caso dictó a José Luis 55 años de cárcel por feminicidio. Los familiares de Abril luchaban por la sentencia máxima establecida en el Código Penal del estado, 70 años; sin embargo, consideraron a la pena impuesta como “un justo y merecido castigo”.

Victorino Lira y su esposa, María Gloria Jaimes, padres de Abril, confían en que, tras la condena dictada ayer, los magistrados ratifiquen la decisión del juez de primera instancia al declarar al esposo de su hija culpable de feminicidio, porque, tras ser sentenciado, el agresor puede impugnar en dos ocasiones.

“Nosotros no pedimos otra cosa, sino que esta persona pague su crimen”, explica el señor Victorino, quien asegura que, además de la pérdida de su hija, el otro gran delito perpetrado por José Luis es el daño sicológico que su nieta, de seis años, tendrá que enfrentar toda la vida.

“Qué bueno que en este caso las autoridades han hecho su trabajo. Nosotros creemos en nuestras instituciones, creemos en la justicia de México y creo que, afortunadamente, ahí están los resultados”, dice el papá de Abril en entrevista con Excélsior.

El dato

Luchaba para salir adelante

  • Abril era licenciada en antropología social por la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).
  • Ingresó al magisterio en materia afines a su carrera.
  • Además de ser maestra de secundaria, sacaba adelante a su hija vendiendo todo lo que podía, como maquillaje y ropa, entre otros.

Se une a las estadísticas

A manos de su cónyuge, Abril, de 35 años, se convirtió en una de las víctimas de violencia contra las mujeres que impera en el país, en especial en el Estado de México, donde, de enero a septiembre de este año, se registraron 339 asesinatos de mujeres, de acuerdo con información de la Fiscalía General de Justicia local, aunque sólo 81 casos se están investigando como feminicidio y 258 como homicidios dolosos.

Desde que se casó con José Luis, Abril tuvo problemas por el alcoholismo de su esposo y la violencia que le infringía cuando bebía.

“Nosotros fuimos testigos de varios episodios, sí notamos que tenía signos en la cara en una ocasión. Yo le pregunté que qué le había pasado, ella como que no quería involucrarnos en eso, pero no le quedó de otra más que decir que José Luis le había pegado. Entonces mandé traer a este sujeto y sí vino aquí y dijo que había cometido un error, que estaba ebrio, que no supo lo que hizo. En fin, fueron muchas ocasiones, porque él es alcohólico y siempre lo hizo bajo los influjos del alcohol”, narra el señor Victorino.

En ese entonces, Abril denunció a su marido. En el acta, la médica legista que la atendió consignó que las marcas dejaban ver que la habían golpeado a puño cerrado y que la habían presionando fuertemente.

“Cuando hizo la denuncia, Abril se vino con nosotros y estuvo viviendo con la niña casi un año. Es más, inició el trámite de divorcio. Al principio se veía muy firme en esa decisión, pero después de algunos meses empezamos a notar que no le interesaba mucho seguir con el proceso de divorcio, hasta que finalmente nos dijo que la perdonáramos y que se iba a regresar a su casa”, cuenta su padre.

No pudieron hacerla cambiar de opinión. Abril no compartía detalles de su relación con sus padres, aunque éstos notaban la violencia de la que era víctima dentro de su matrimonio.

“Como que no le gustaba mezclar… pero veíamos la agresividad de este fulano. Aquí por la casa, el fin de semana, sábado y domingo, se pone un tianguis llamado El Piojo. Ella llegaba a vender ropa usada y productos nuevos. Se ponía en el garage y a la una, cuando mucho, tenía que recoger el puesto, porque si llegaba más tarde eran problemas con el fulano, quien ya estaba tomado. Ella no llegaba a decirnos nada, nosotros intuíamos. Por la actitud de nervios, de ‘ya me tengo que ir’, nosotros no hacíamos más; lo que menos queríamos era intervenir y crear más problemas”, relata la mamá de Abril.

Como padres, ellos buscaron siempre apoyar a su hija. A José Luis, como al momento de casarse no tenía trabajo, le dieron el carro de otra de sus hijas y le rentaron unas placas para que pudiera trabajar como taxista.

“Por su forma de ser y por vicioso, casi nunca entregaba las cuentas y era motivo de que Abril venía pagando eso. Siempre fue de esa manera. Como tenía una carrera trunca, lo metimos también a estudiar para que consiguiera una licenciatura, con mucho esfuerzo logramos que lo inscribieran, pero lo dieron de baja porque, de seis materias que llevaba, reprobó cinco”, cuenta el señor Victorino.

Finalmente, y antes de que la Reforma Educativa lo impidiera, decidieron que la señora María Gloria se jubilara como maestra y le dejara su plaza al marido de Abril, quien ocupó un espacio administrativo debido a que carecía de mayores estudios.

También los apoyaron con la construcción de una casa en San Pablo Autopan, Estado de México, hasta donde se trasladaron el 11 de mayo, cuando alrededor de las 17:30 horas recibieron la noticia de que Abril estaba grave en una clínica.

“No supo valorar todo lo que se les dio. Finalmente el pago que dio fue ése, matar a mi hija”, lamenta el padre de Abril.

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